| Quién era Melquiades ?? |
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| Folclore - Personajes típicos | ||||||||||
| Escrito por Ramón Elvidio | ||||||||||
| Martes 02 de Septiembre de 2008 23:30 | ||||||||||
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Muchos conocimos a Melquíades como uno de los borrachitos del pueblo, quien trajinaba las calles de sábado a domingo en busca de alguien quien le regala algo de dinero para comprar una carterita de aguardiente. Se acercaba a las persona con palabras cariñosas, con un dejo de tristeza en la mirada y pedía el socorro de una limosna porque no podía trabajar. Mostraba un brazo que tenía prácticamente desprendido del cuerpo a la altura del codo, el que podía girar solo con dificultad como consecuencia de una fractura mal curada que había sufrido en una de sus borracheras. Melquíades amaneció muerto en una cuneta de la carretera de Los Paujiles en una noche en que cayó uno de los aguaceros más fuertes del año, algunos dijeron que murió de un golpe, otros de un infarto y muchos dijeron que murió ahogado por el agua de lluvia que corría. No he podido precisar cómo fué el entierro, creo que no hubo misa y para la mayoría del pueblo fué sólo una noticia más, sin duelos y con pocos rezos… Nació en las primeras décadas del siglo pasado, se calcula vivió entre setenta y ochenta años, nunca cayó en cama, nunca fué al médico, si tuvo algún dolor de muela se lo curó con chimó. Su madre, Sotera Vivas, una señora que vivió muchos años y bebia aguardiente siempre hasta entonarse pero sin perder la compostura. No tuvo padre conocido, alguien dice que fué Don Doroteo, otros un contrabandista colombiano que trasegaba todos los años esos predios andinos con su enorme maleta ceñida con cinchas a la espalda y algunos más, que pudo ser un gitano que pasó una temporada en el pueblo, de allí sus ojos verdes y la piel renegrida. Tuvo tres hermanos: Hilario, Pedro y Yolanda. Hilario un hombre trabajador en lo que cabe, aunque en ciertos momentos podía más la pereza que el deber; Pedro un hombre de familia modesto y ejemplar y Yolanda una borracha decente: todos los domingos bajada al pueblo y lo recorría durante todo el día entre tragos y más tragos hasta que entraba la noche y emprendía camino a Los Paujiles trastabillando de cuneta en cuneta hasta llegar a su casa. Cuando joven tenía la fuerza de dos hombres, se echaba al hombre un bulto de plátanos de cinco arrobas y lo cargaba de la carretera hasta su casa, algo así como kilómetro y medio, sin descansar. Dicen que era recelosa de los hombres, que solo tuvo uno en su vida porque la engañó con un pañuelo blanco que le pasó por la cara, de éste tuvo su único hijo. Otros dicen que tuvo varios y con uno de ellos se quedó dormida en un trapiche vecino en sus brazos, el mismo dejo caer una colilla de cigarro y quemó el trapiche. Melquiades vivió casi toda su vida en una casita de bahareque, de dos habitaciones y una cocina. Una habitación la compartió con Hilario con quién hablaba poco porque era tartajo, no pronunciada las erres, ni las eres y Melquíades no tenía paciencia. Sus cariños fueron para Yolanda su “hermanita querida”. Su madre quizás no lo fué tanto, pero en sus momentos de lucha por las limosnas para los tragos siempre le sirvió de excusa para justificar sus pedidos diciendo que era para las “medicinas de mamita” y cuando esta murió recogió un buen dinero que “pá el entierro de mamita”. Le trabajaba a los dueños de fincas de lunes a viernes, en unos tiempos en donde se trabajaba hasta el sábado y en el menor de los casos hasta el sábado al medio día, y solo le trabajaba a aquellos que le tenían “el jornal”(la paga) de los cinco días el viernes por la tarde, porque su “trabajo no se lo fiaba a nadie” y porque necesitaba el dinero para los tragos del fin de semana. Además exigía que le pusieran carne en la comida, aunque fuera en una de las tres que recibia en el trabajo. Como era un “trabajador tesonero” -de aquellos que van piano-piano tirando machete durante una jornada- la gente lo buscaba. El sábado en la mañana se levantaba, se daba su tradicional baño: se lavaba la cabeza, los sobacos, los brazos y los pies, vestía su camisita blanca planchadita, el casimir y los zapatos negros de patente y después del desayunito arrancaba para el pueblo. Su rutina era visitar los negocios, llegaba a cada uno de ellos y se paraba a un paso de la puerta, miraba al tendero y saludaba, se quedaba un rato pensando y al fin pedía un tragado. Así de negocio en negocio, hasta que al final recalaba en la cantina del pueblo, en la misma rocola y en la misma canción de siempre: ojitos verdes, hasta que caía la noche del domingo y comenzaba a retomar el camino a su casa. Dicen que en una noche de borrachera lo subió el diablo y lo descargó en una horqueta de un enorme guamo que despuntaba en un bosque cercano a su casa. Melquíades no pudo desprenderse del abandono de Natalia, su esposa. Se casó con ella aunque tenía seis hijos, le construyó un ranchito al lado de su casa, con dos habitaciones y una cocina, todo de bahareque, sin baños y sin fregadero, pero al fin y al cabo, un techo. Es verdad que no pudo abandonar los tragos del fin de semana, que buena parte de la plata se le iba en ello, pero algo de comida traía, aunque fueran unas sardinas y un pedazo de pan, en la finquita había cambures y una vaquita para la leche. Nunca pudo comprender las razones por las cuales Natalia lo abandonó. ¿Porque lo había dejado aquella mujer de ojos verdes y de un color de piel como el suyo, que conoció un domingo en la mañana después de levantarse de la dura y fría baldosa? Mujer con quien se casó y que don Miguel Pérez apadrino con orgullo, en atención a su santo deber de ayudar a construir familias entregadas a Dios. Cuando comenzaba el retumbar de la canción: ojitos verdes, todos sabían que Melquíades estaba en la rocola, ahogando sus penas en la bebida y suspirando por Natalia, unas veces de amor y otras de rabia. Así pararon los días y los años. Un día le llegó la noticia que Natalia había muerto en La Grita. Interrumpió el trabajo, se vistió y se dirigió al pueblo, como no tenía dinero comenzó a pedir para completar el pasaje para irse a visitar a su mujer muerta. Después de un día de peregrinar por el pueblo y con suficiente dinero se emborracho, cogió un espejito y comenzó a mirarse y a decir: ¡todavía estoy joven, ahora que se murió esa vieja, el que se vuelve a casar soy yo!
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veces visto: 1329 Comentarios (12)
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Adalberto
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Y qué Riobobero no lo recuerda? Todo riobobero tiene algo que contar de nuestros personajes.Melquiades no se perdía ninguna rumba porque por un palo de miche echaba sus zapateados. Recuerdo una vez que compitió en un concurso de música campesina con Irma y para ellos lo importante de ganar era la botellita ofrecida por unos expectadores si quedaban entre los finalistas. Le pusieron tanto esmero que lograron su premio :grin :grin :grin pero tampoco faltaba a los velorios y si era de un angelito menos faltaba porque en estos eventos además de la comida se reparte el michito para que los asistentes no se duerman |
Alcon
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Alirio Escalante
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Alirio Escalante
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T. Arecio Mora Ch.
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Sobre Melquiadez Conocí a Melquiadez cuando trabaje alla. Mostrando su brazo, como gancho para pedir dinero, en señal de " como trabajo en estas condiciones ". En una oportunidad le regalé una camisa, ah tenía que ser manga larga, y le dije en son de broma: Si llego a saber que Ud. vendió la camisa para tomar miche, voy donde la cambió o vendió y la recupero.( se lo dije serio ja ja delante de Cayetano y Ramón Chacón "comino") Como se le ocurre, me dijo, soy incapaz de eso, con esa cara de yo no fuí que ponía. Buen hombre, respetuoso, cuando coincidiamos yo en el pueblo y él con la camisa, se me acercaba y me decía: Mire profesor todavia tengo la camisa y cuando pueda me regala otra. ja ja. Tengo otras anécdotas de Melquiadez y otros personajes del.pueblo que les contaré luego para no cansarlos. Gracias Ramón Elvidio por tu artículo. Un abrazo |
Jose Antonio Pulido Zambrano
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Un aporte más al recuerdo de Melquiades Bravo por este artículo, no lo había leído, me trajo muchos recuerdos. Para llenar algunos vacíos mi aporte: "A Melquiades Vivas u "Ojitos Verdes" como lo llamaron en mi generación fue uno de los personajes más queridos al lado de "Irma Polla". Su imagen reposa en mi archivo, luego se las envio. Que decir de Melquiades, el rezandero, el campesino, el caminante de Losa Paujiles, el hombre del sombrero volteao, el bailarin, el que a todo lñe sacaba un chiste. En los años noventa recuerdo que pedía diez diez bolivares para que interpretara una canción. Jamás observe en él una carga de mal humor, su alegría lo acompaño en todo el buen sentir de su palabra. El día que murió Melquiades fue un siete de febrero de 1998, y en Venezuela se oía por primera vez de problemas climaticos y el fenomeno del niño, y fue en un vendaval, de esos de aguacero recio que no permitio que aquel día Melquiades llegara a su destino, y murió ahogado en una cuneta del Topon, y por ello los rioboberos decían que "Las lagrimas de un niño se llevaron a Melquiades", para referirse que en el primer fenómeno del niño que se dio en el pueblo acontecio tan tragico hecho". |
Jose Antonio Pulido Zambrano
dijo:
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Melquiades y su entierro Por supuesto que el personaje fue llevado a la iglesia, y se le hizo su misa, en los archivos del ATENEO ESTAN LAS IMAGENES DE AQUEL DIA TRISTE Y GRIS; Como todo entierro de pueblo la gente se agolpó para dar el ultimo adios a "Ojitos verdes". Transcribo un artículo intitulado "El ahogado más hermoso del puewblo" de mi autoría de fecha septiembre 1999 y en una inspiración garcimarqueana: EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL PUEBLO: Los primeros hombres que vieron el promontorio oscuro en la cuneta del Topón, se hicieron la ilusión de que era un árbol, pero cuando se acercaron, descubrieron que era un ahogado. Aquella noche había caído al pueblo una tormentosa lluvia, el fenómeno del niño había llegado al pueblo. No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era Melquiades. Así que cuando encontraron al ahogado, les basto con mirarse para saber que el pueblo había perdido parte de su alegría. El "ojitos verdes" se había ido al otro mundo. Aquella noche lo llevaron a su casa en Los Paujiles, y así comenzaron los preparativos para el adios final. Las mujeres preparaban la comida, los hombres llevaban la leña, el eco del rezo se escuchaba más allá del río, ese río que tantas veces le había visto pasar, cantando sus viejas canciones y con su brazito enfermo que mostraba a doquier, a quien le conociese, y que por diez bolivares vendía su humor del bueno, una canción triste pewro que con su forma de ser la hacía alegre, el amanecía en cualquier velorio y no había fiesta que le ganase, pero aquella noche le había ganado la lluvía. Le hicieron un funeral espléndido, le buscaron padre y madre, hermanos y tíos y así Melquiades logró unir al pueblño en una sola familia. Melquiades hizo reflexionar a los habitantes de San José de Bolívar, quienes comprendieron que habían vividos desolados y pensaron más en sus vidas y en un futuro más prospero y lejano. Desde ese día todo sería diferente, desde entonces y cada vez que llegase un hombre a Santa Filomena miraría allá, al pueblo, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir en las calles del pueblo, allá donde el sol descansa encima del Lajón, sí, allá, es el pueblo de Melquiades. |
milagros vivas
dijo:
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personajes para recordar Melquiades fue una persona muy especial que alegraba muchos momentos especiales en nuestro bello pueblo en compañia de la popular Irma pollita, entre ellos estan aquellos cuadros donde reflejaban una boda en las carabanas decembrinas, donde al terminar bailaba y tomaba tanto que se dormia en las calles y asi amanecia para luego regresar a su casita en la aldea los pajuiles. |



Es muy importante rescatar los personajes típicos de nuestro pueblo. Este aporte realizado x usted primo se merece :grin un palo de miche. Además felicito a los organizadores de este proyecto, gracias x esta página tan bonita. 
